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Datos obtenidos de la "Guía Turística"
publicada por la Excma. Diputación Provincial de Guadalajara en 1989,
con extractos de textos de Pedro Pérez Fuertes y fotografías de Alfonso
Romo y Santiago Bernal.
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LA RUTA Y EL PAISAJE
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Desde Molina, ciudad
declarada conjunto histórico-artístico, hacia el sudoeste, hay que elegir
caminos, el de sabor medieval, por la plaza Mayor con su "Horma" o mirador
de carácter renacentista, la Casa Consistorial edificada en el siglo XVI-XVII,
conservando aún su puerta principal que resistió al pavoroso incendio de
los franceses, la antigua iglesia de Santa María del Conde, hoy
reconstruida con su exterior neo-clásico y su torre de similitud mudéjar;
desde aquí hacia el barrio de la Soledad, recuerdos de una simbiosis de
pueblos, embrujo en el ambiente, el Gallo que se hace caz y río, agua y
fantasía con encanto moruno, casas con alerones y fábrica musulmana,
anhelos recortando palabras con "suras" del Corán y cánticos que bordean
los muros y alminares de un imaginario "almuecín". Más allá, el "Castil de
Judíos", adormecido bajo la protección de la ancha muralla del siglo XIII
que cerraba la ciudad. Allí la añoranza se recrea, el recuerdo juega entre
casas apretujadas y goza la aurora con palabras diáfanas por calles
empinadas, y memorias de 'jambas"o "mesusas" que surgían como flechas
indicadoras de la desaparecida sinagoga, para poder sentir la lectura de
la "Tora".
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Hay otra salida de la
ciudad hacia la ruta en que nos encontramos. Me refiero, al camino a
seguir por Santa María la Mayor hacia el "Puente Viejo", de origen romano,
remodelado en la Edad Media y más tarde en el siglo XVII; desde aquí, por
la conventual de San Francisco, joya valiosa del gótico molinés,
construida en 1283 (siglo XIII), con reformas posteriores en los siglos
XVI-XVII en el interior y del XIX en el exterior, en donde destaca su
torre con la parte superior neoclásica; desde esta típica plaza, la
búsqueda del río Gallo se expresa en el camino hacia occidente.
EL BARRANCO DE LA HOZ
Es un devenir de curvas y
recodos cincelados por el tiempo, es una armonía de hoces con paredes
verticales que llegan a alcanzar hasta 150 m. de altura con cuerpos de
piedra rodeno (areniscas), en las que la erosión ha jugado hasta esculpir
curiosas y caprichosas formas completando una imaginaria "ciudad
encantada". Recordemos: a la entrada del desfiladero, la "Cueva de las
Herraduras", extraños símbolos grabados sobre el suelo, que para muchos
tienen un significado religioso; la roca de "la Virgen", maravillosa
silueta natural representando a María; a la izquierda de la margen del río
"el Rey", voluminosa peña que imagina un monarca coronado; de nuevo en la
orilla derecha, el "Huso" y la "Tinaja" , formaciones de conglomerados
semejando estas figuras; son dignas de mención, la "Corbetera", la
"Visera", sombra y monolito sobre el santuario; el "Aljibe", etc.
Torete
(966 m.), en el centro de
este ramal del futuro "Parque Natural del Alto Tajo", más abajo de la
confluencia del Gallo y el Bullones, es rosa de primavera, aliento entre
laderas de epopeya y bordados de bosques, refugio de pescadores, capricho
del valle con una arquitectura popular y centro de un entorno de paisajes
naturales y recurso de excursionistas.
A partir de Torete, lo
angosto discurre a través del Lías, las montañas rodeando con sus calizas
dolomíticas del Cretácico, con panoramas escarpados, ruiniformes, casi
siempre grandiosos y siempre bellos. En el serpentear del río, en rincón
bucólico, una necrópolis del periodo de Hallstatt (sin estudiar) y
presidiendo en el alto del cerro Cuevas Labradas (1054 m.) con su iglesia
de sencilla fundación medieval. Hacia el horizonte un mar verde - azul
abrazándose al Gallo-Tajo que poco más abajo se unirán en el lugar
conocido como "Las Juntas", en el Puente San Pedro, cuyo trayecto más
corto para llegar y de forma más cómoda es siguiendo la carretera de
Corduente hacia Zaorejas.
Hay en toda la zona una
capa de monte bajo, gris y esmeralda; una fragancia del respirar vegetal,
un vergel que une a las Sexmas del Sabinar y la Sierra: desde Torremocha
del Pinar a Corduente y Torete una selva de pinos pinaster con sus gruesas
cortezas de pizarras y su abundante ramaje surgiendo del tercio superior
del árbol, acompañados de otras especies como las gayubas y los níscalos.
Desde Ventosa a Cuevas Labradas y a Lebrancón, el pinaster se asocia al
pino silvestre y al roble y como rellenando el todo de esta parcela del
Señorío de Molina, el boj y la prehistórica sabina.
Acariciando al río, en
paralelo ambos con el camino, un séquito de choperas desde Molina al Tajo,
una procesión de tilos, sauces y pinos que en el ensanchamiento del lugar
elegido se entremezclan, se potencian, se extienden por las laderas y
hacen sustancia y cuerpo, vega, montaña y piedra.
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En el cobijo peregrino,
allí donde el espacio es mayor, murallones de conglomerados granates abren
su seno en lo bravío del desfiladero; los árboles prolongándose en
inverosímiles posturas, la hierba engendrando aroma, las flores silvestres
y zarzamoras crean-do églogas por el sotobosque, el sol forjando destellos
y en las noches claras entre rincones y laderas un espejo plateado de
lunas y estrellas.
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LA LEYENDA
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La estatua de Nuestra
Señora de la Hoz, es para muchos autores, una pieza de gran antigüedad y
valor; y la remontan a la época romana o visigótica.
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En el año 1129, Alfonso I
de Aragón, conocido como el "Batallador" conquistó Molina y su Tierra.
Entre los años 1139-1150 se formó en estas tierras un Estado Independiente
bajo el gobierno de D. Manrique de Lara y su esposa Dña. Ermesenda de
Narbona. Fue en el rayar de estos años cuando debió ocurrir el sublime
milagro.
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Ocurrió un día de aquellos
años de la primavera molinesa, era cuando el horizonte de la historia se
confundía con el ocaso de la leyenda; un vaquero de Ventosa, perdió una
mañana una vaca de su rebaño, presto salió en su búsqueda introduciéndose
en el espesor del bosque, allí, le sorprendió la noche en lo más abrupto
del desfiladero, la inquietud imperó, el temor se apoderó del zagal, hasta
que de pronto, de tres pequeñas apófisis que sobresalían de una gran roca
surgió un gran resplandor, una luz divina que cegó sus humanos ojos e
iluminó la ya adulta noche; acercóse el pastor y con gran asombro
descubrió que inmóvil la res, se encontraba bajo la imagen de la Virgen,
que sobre un pedestal natural quiso salir de su refugio para gozo del
vaquero y suerte del entonces significado Señorío de Molina. Al amanecer,
fue el de Ventosa a narrar lo sucedido, pero en la aldea ya conocían los
hechos ya que otro pastor del pueblo, que había pernoctado cerca del sitio
de los acontecimientos, vio cuanto sucedió. Pronto el milagro se explicó
por los pueblos comarcanos, naciendo un amor y devoción por este rincón
que desde entonces será venerado por los molineses para siempre.
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La talla de la imagen fue
llevada a su antiguo templo que según unos era el de San Martín y según
otros el de San Miguel, iglesia que desapareció en el año 1924.
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Sigue diciendo la
tradición que por mandato del Concejo de Molina y por deseo de los fieles
molineses, se dio lugar a la traslación con la mayor solemnidad colocando
la estatua en la iglesia de San Martín (también se dice en la iglesia de
Santa María de San Gil o en la de San Miguel).
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Trasladada la talla quedó
en Molina aquella noche, pero al día siguiente con gran asombro observaron
los feligreses que ya no se encontraba allí, ya que milagrosamente se
hallaba de nuevo en el rincón de la aparición. Llevada por segunda vez y
colocada en la misma iglesia, la imagen fue velada con el mayor sigilo
durante aquella noche, pero de nuevo desapareció para tornar al lugar
milagroso.
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Estos hechos, llevaron a
que los primeros señores de Molina abriesen una vereda y limpiasen la
anchura del barranco de malezas y otras hierbas, para poder construir allí
una ermita que se llamó entonces de Santa Maria de Molina, para poder en
ella meditar y rogar.
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Desde entonces los
peregrinos del Señorío así como de Aragón y Castilla vinieron y vienen a
venerar y orar a la Madre de Dios.
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LA HISTORIA
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El Santuario de Santa
María de Molina, que así se llamó en el siglo XI, aparece documentalmente
por primera vez en el año 1168. Más tarde, en 1172 D. Pedro Manrique
cambia el cenobio por la mitad de la villa de Beteta al obispo Joscelmo de
Sigüenza. En 1176, el mencionado D. Pedro Manrique, hace al lugar unas
donaciones de dos molinos que hay bajo el puente que está sobre su
palacio, para que sirviese de mantenimiento a la Casa. En 1195, el segundo
Señor Molinés, confirma el anterior cambio de la mitad de Beteta por Santa
María de Molina. En 1197, el obispo seguntino D. Rodrigo escribe sobre los
nombramientos de capellanes de Santa Maria de la Hoz de Molina, documento
que por primera vez denomina al santuario de esta forma. El Prelado nombró
como capellanes a los sacerdotes Bernardo v Guillermo.
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En el año 1230, el tercer
señor molinés, D. Gonzalo Pérez y su mujer Dña. Sancha, regalan a la Hoz,
los molinos de Entrambasaguas, aumentando las rentas para poder celebrar
el culto.
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Una serie de
acontecimientos socio-económicos de la época, añadidos a serios asuntos
internos de Ovila, llevaron a que poco a poco se fuera abandonando este
rincón del Gallo.
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Alejandro VI, concedió a
D. Fernando la administración de la casa, la ermita, y las rentas,
limosnas, legados y emolumentos que pertenecieron a esta fundación por
diversos títulos. La muerte de Alejandro VI paralizó de momento tan magna
obra, pero poco más tarde su sucesor, el Papa Tulio II, confirmó en un
documento el de su antecesor.
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Se nombró primer "Patrón"
de la Hoz a D. Fernando, quien pronto hizo renacer las romerías e
incrementó el número de visitantes al rincón sagrado y por ello pensó en
crear una Capellanía para que se diera culto en el santuario.
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La Capellanía se fundó en
1546 y fue su capellán D. Andrés Pérez.
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Tras las Leyes de
Mendizabal, se suprime el patronato y el obispo de Sigüenza tuvo que
nombrar una "Junta de Administración" constituida por el arcipreste de
Molina, el párroco de Ventosa, un tesorero, un capellán del santuario y el
sucesor del patronato de Burgos. Al morir éste, el obispo D. Carlos
Ramírez de Arellano, formó otro patronato con el cura de la extinguida
iglesia de San Miguel de Molina, el arcipreste de Molina, el párroco de
Ventosa.
EL TEMPLO
Incrustado bajo una enorme
masa rocosa, como San Juan de la Peña y otros monasterios del mismo
tiempo, se encuentra el Santuario de la Hoz, en su conjunto de
arquitectura gótico -renacentista con fuertes rasgos rurales.
Desde la plazoleta
exterior, descanso del Gallo, se introduce el peregrino hacia la iglesia,
por un arco de medio punto coronado por dos conocidas décimas dedicadas a
María, más adentro, una amplia escalinata nos conduce a la entrada del
templo cuya puerta principal, es de estilo gótico primitivo (siglo XIII)
sobre su ojiva hay una inscripción en caracteres del mismo estilo bajo un
escudo, que representa un águila.
El interior de una sola
nave, tiene bellas bóvedas ojivales denunciando claramente en sus arcos y
nervaturas una falta de simetría debido a la ampliación efectuada en el
siglo XVI, hecho que se incrementa en la antigua capilla. Los arcos
fajones en su crucería representan los escudos del Concejo y del Señorío
de Molina.
Ingresando en el templo,
se aprecia una ventana que da a la roca en la que está incrustada la pared
interior de la iglesia y que sirve para señalar el punto exacto en el que
estuvo el escenario, según la tradición, de la aparición de la Virgen a
los zagales de Ventosa.
El altar mayor, es un
magnífico retablo dorado barroco de comienzos del siglo XVIII. En este
altar se encuentra la talla de la imagen; se trata de una estatua de
madera, todo su busto escultura entero, de excelente calidad; el ropaje
está formado en el mismo relieve y pintado. El rostro de la Virgen y el
Niño son morenos y tienen señales de haber estado encajados en alguna
silla o retablo. Se trata de una talla románica del siglo XII, hierática,
entronizada como asiento de la divinidad; el divino niño lleva en su mano
izquierda un pomo.
Desde el presbiterio, en
panorámica desde la sacristía, se aprecian dos altares, (entre la reja y
el altar mayor), que son dedicados a la Purísima y a Santa Teresa, ambos
coronados hacia lo alto, por bóvedas de las que penden de cautivos
liberados de África, como es el caso de las que según la tradición, llevó
Pedro Abad en Argel. A los lados del presbiterio, están adosados dos
cuadros que representan las rogativas de los vecinos de Tierzo y los de
Molina respectivamente.
Fuera de las rejas del
presbiterio, a derecha e izquierda de la puerta principal de entrada al
templo, existen dos altares consagrados a San Blas obispo y mártir y a San
Antonio. El altar de San Antonio, se construyó en el antiguo altar de
Santa Ana, que fue ordenado construir por Martín Cortés, tapicero mayor de
la Emperatriz de Austria, Dña. María, hermana de Felipe II. Quedan como
testimonio de aquel de Santa Ana, dos retratos de bella factura sobre
tabla con personajes de los años del monarca citado, el uno y el otro
representan una mujer enlutada orando. Esta tabla posiblemente fue pintada
a finales del siglo XVI, indicando la sepultura del que allí aparece
retratado.
El altar de Santa Teresa
posee un precioso cuadro al óleo de la Virgen de Avila, posiblemente
donado por la familia de los Rivas.
Detrás del altar principal
está la sacristía por la que se accede, a través de una escalera del siglo
XIX, a dos habitaciones que sirven de entrada al camerín de la Virgen. En
las paredes de estas habitaciones penden numerosos motivos de
agradecimiento y exvotos de cera, así como la Bula que S.S. Clemente VIII
dió a los miembros de la "Cofradía de Esclavitud de Nuestra Señora de la
Hoz", en febrero de 1602. Esta cofradía se extinguió en el siglo XVIII.
En el exterior del templo,
existen otros edificios que con él, forman un patio interior; conjunto con
gran mérito arquitectónico e inapreciable valor paisajístico: la parra
cariñosamente abrazando el oratorio; las flores engendrando ramas de amor;
el agua de la fuente en canción eterna; la poesía imaginando vergel del
cielo, la roca siendo techo y cobijo, y el silencio de la meditación
inundando al pensamiento abarcando el todo.
En el siglo XVI, en la
reforma que realizó Fernando de Burgos, se construyó la casa del santero
con una sola planta, a la que se entra por puerta con arco de medio punto
que recuerda un sabor románico y que guarda armonía con la ermita. También
se construyó en esta época una "hospedería" para los peregrinos y
ermitaños, hoy muy modificada, por posteriores reconstrucciones no muy
bien logradas; aún deja ver en las paredes del patio y en habitaciones de
la planta baja, numerosas decoraciones platerescas en yeso, con detalles
arquitectónicos y ornamentales del siglo XVI, algunos grotescos, el escudo
del Cabildo Eclesiástico y un delicioso friso esgrafiado en yeso, con
escenas bíblicas, mitológicas y de caza, típicos del renacimiento.
ROGATIVAS, ROMERÍAS,
DANZAS Y LOAS
La rogativa que el
Ayuntamiento de Molina y el Cabildo Eclesiástico de esta ciudad, realizan
el 1º de Mayo al Santuario de la Hoz, conocida con el nombre de "Butrón",
es uno de esos casos, en donde sus principios se remontan a través del
tiempo, arrollando siglos.
La causa, una peste o
calamidad que se cernió sobre el Señorío molinés, mediante la cual los
pueblos del territorio se dirigieron a su patrona Nuestra Señora de la Hoz
que realizó el milagro.
¿Cuándo tuvo lugar con
exactitud este acontecimiento?: es algo que hoy se desconoce.
Documentalmente no existe pergamino o nota que nos aclare este misterio.
Unos historiadores se inclinan porque la rogativa se efectúa desde tiempos
de la aparición de la Virgen en el siglo XII; otros, creen que comenzó en
los años de Dña. Blanca, en el siglo XIII.
En la copia
del testamento de Dña. Blanca que realizó Francisco Díaz en 1474, hay una
nota que dice: "También en esta villa de muy antiguo tiempo acá tiene
prometido y hecho un voto la dicha villa de hacer una procesión a la
ermita de Ntra. Sra. de la Hoz el primer día de mayo de cada año en
servicio de Dios, nuestro Señor, y de su bendita Madre y en veneración de
aquella santa y devota ermita, a la cual suelen acostumbrar ir a la dicha
procesión el Cabildo de los Señores clérigos de la dicha villa y muchos
vecinos particulares de ella y otras personas".
También del siglo XV,
existe un documento, que es una solicitud de Molina al Prelado de
Sigüenza, en demanda de que le concedieran la procesión acostumbrada en la
fiesta de la rogativa. El documento está fechado en 1654.
En sus principios el "Butrón",
era una rogativa en la que todos los vecinos molineses tenían la
obligación de enviar a ella un individuo de la familia. Era dirigida por
el Cabildo Eclesiástico y por las autoridades civiles y judiciales de la
época. Comenzaba la procesión en Molina y sin interrupción llegaba al
Santuario. En 1501, se dice, hubo una gran mortandad y el Butrón tomó de
nuevo gran pujanza.
En 1762, D. Antonio Moreno
en su libro "La Nimpha más celestial en las márgenes del Gallo", describe
la rogativa tal como era en su tiempo: "Es costumbre inconclusa, que en
este referido día (1º de mayo) a las 6 ó 7 de la mañana, hora en que
regularmente se citan, y se convocan ambas comunidades Ayuntamiento y
Eclesiástico Cabildo salgan procesionalmente de la Iglesia de Santa María
la Mayor de San Gil de esta Villa para el Santuario. Proceden así con la
mayor circunspección, y compostura hasta la plazuela del Convento de San
Francisco, en donde se separan de ambas Comunidades aquellos individuos
que están destinados para ir al Santuario. Va representada esta Noble
Villa en su Corregidor, o Alcalde Mayor, dos caballeros Regidores, sus
Comisarios, su Procurador Síndico General, Alguacil Mayor, y otros como
uno de los Escribanos del Ayuntamiento y el Receptor de Propios de la
Villa. Acompaña al Señorío el Ilustre Cabildo Eclesiástico representado en
su Abad y dos Capitulares que eligen con cinco capitulares del Cabildo".
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Actualmente, se sigue
celebrando la tan querida rogativa del Butrón. El mismo día del 1º de
mayo, tras reunirse las autoridades municipales y eclesiásticas de Molina,
junto al Patronato de la Virgen y a cuantos ciudadanos lo deseen y tras
trasladarse en sus vehículos a la entrada del Barranco, hacen procesión
hasta la ermita; allí se desarrollan los actos cívico-religiosos, tras los
cuales el Ayuntamiento invita a los ciudadanos a pan, sardinas y vino. Más
tarde, tiene lugar la procesión final, con la que se despide la rogativa.
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Hay otras romerías en el
Señorío:
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la que celebra Rueda de
la Sierra el primer domingo de mayo;
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la de Tierzo, que
en el día que el pueblo señala dentro del mes de junio, salen a la una de
la madrugada encapuchados y vestidos de blanco, dirigiéndose a la Hoz.
Esta procesión se la conoce con el nombre de "los capirotes".
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- Odón, antiguo pueblo que
componía el Señorío de Molina, hoy en la Provincia de Teruel, venía a
visitar a la Virgen de la Hoz, el segundo día de Pentecostés; ésta romería
se ha mantenido hasta 1936, aunque posteriormente ha habido intentos de
recuperación, ya es costumbre perdida, y hoy aún se recuerda con cariño a
los "danzantes de Odón".
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El primer domingo después
de Pentecostés, todos los molineses del Señorío se reúnen, tras múltiples
romerías, para celebrar la fiesta de la Virgen de la Hoz, la "fiesta de
las danzas y la loa".
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Las danzas son de
procedencia celtíbera y en ellas se aprecia el antiguo significado del
rito fertilizante y fecundante:
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La danza del "paloteo", que tiene su
origen en las luchas celtíberas;
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la de las "espadas" tiene antecedentes
mitológicos,
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la de las "varas" o "cadena", que comienza en un corro,
después forman un túnel y termina en una plataforma o torre sobre la que
se eleva un "Ángel", es la mitificación del bien sobre el mal, que tomará su
verdadera importancia en las "loas".
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LA LOA
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La Loa es un auto sacramental mezclado con numerosos fragmentos
cómicos, pero que declara abiertamente la lucha entre el "Bien" y el "Mal"
en un medio claramente pastoril. Las piezas son varias y se procura
representar cada año una, hasta completar el ciclo. En todas ellas, de
forma simpática y amena, terminan alcanzando el único fin de la
representación, la victoria de las fuerzas del bien sobre el mal y la
exaltación en honor y loor a la Virgen, y así van desfilando a través del
escenario pastores, ermitaños, zagales, mayorales, peregrinos (el gallego,
el zamorano), bailarines, diablos y diablillos, la muerte y el Angel; el
blanco y resplandeciente rayo representa el bien emanado del Cielo, que
para honrar a Nuestra Sra. de la Hoz, llega en defensa de los inocentes,
pastores o devotos peregrinos, salvándoles del mal infernal y mandando a
los demonios al abismo de los infiernos.
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Estas "Loas" emanadas en
el Medievo, toman importancia y constancia en sus representaciones a
partir del siglo XVI.
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